
Si bien las medidas de barrera (uso de guantes, gafas, camisolines) constituyen una forma de prevención de gran valor, se dispone de modalidades de inmunización activa para todo el personal de salud que no deben considerarse de menor importancia. En las distintas regiones de Iberoamérica rigen indicaciones obligatorias específicas que se relacionan con la epidemiología de cada nación, pero, a título de recomendación universal, es prudente recordar que vacunas se requieren para enfermeros y demás personal de salud:
- la vacuna anual contra la influenza estacional, aplicada durante el otoño
- la profilaxis antitetánica, dado el riesgo de lesiones cortantes o punzantes, en forma periódica cada década
- la vacunación contra la hepatitis B, con un esquema básico de 3 dosis y eventuales refuerzos en función del título de anticuerpos obtenido (que deberá controlarse cada 5 años)
- la inmunización contra rubéola, sarampión y parotiditis viral (paperas) en una dosis única con refuerzos circunstanciales en función de la epidemiología
- en circunstancias especiales: vacuna contra la fiebre amarilla en áreas específicas
Además de la reducción en la morbilidad laboral, estas medidas atenúan el ausentismo laboral y optimizan el rendimiento del equipo de salud y, con ellos, mejoran la calidad de atención de los pacientes.


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