
Los técnicos en medicina nuclear, así como los médicos especializados en esta disciplina, cuentan para este objetivo con el centellograma o gammagrafía ósea, un estudio para el cual se requiere una capacitación mínima de 1 semestre en las asociaciones profesionales. En este breve período de formación, se requiere la profundización de los conocimientos en radiobiología, farmacología y bioseguridad, con la meta de mejorar el desempeño y favorecer la normas de precaución.
La técnica consiste en la administración de un radiofármaco que contiene tecnecio o galio, el cual se dirige en forma selectiva hacia áreas inflamatorias (enfermedades reumáticas), neoplásicas (cáncer) o infecciosas (osteomielitis), dependiendo del ligando incorporado al isótopo radiactivo. En muchas ocasiones, el centellograma contribuye a definir el futuro tratamiento de un enfermo o a determinar su evolución en el contexto del enfoque multidisciplinario.
A pesar de las novedades en tecnologías como la tomografía computarizada o las imágenes por resonancia magnética nuclear, la gammagrafía ósea no parece representar un recurso sustituible a corto y mediano plazo en la práctica de las ciencias de la salud.


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